Las cosas que no vemos son, con diferencia, muchas más. Y están más vivas por más tiempo.
Hago el trabajo que tantas personas han desarrollado antes que yo. Lo continúo. Y comparto su ilusión y su decepción.
Busco poner mi obra en orden, trato de encontrar las líneas de coherencia. De darle cuerpo. De rellenar huecos, de completar, de buscar los eslabones que faltan.
Representaciones de lo inmutable (árboles, ríos, montañas) que se transforman de la mano del artista.
Caras, calaveras, esqueletos, huesos.
Constituir un ajuar, una ofrenda con lo imprescindible para recordar lo mucho de bueno que tiene este mundo.
Una iconografía variada y dispersa. Que intenta abarcar tanto como sea posible. Curiosa, expansiva. Que propone cambios, incluso anatómicos. Correcciones a la naturaleza, al trabajo de los dioses.
Ansiosa, curiosa, apresurada, global, inquieta, globalizadora. Sexual.
El trabajo multicolor. Gráfico, a menudo limpio, plano. Las formas frontales, a modo de exposición sin recovecos, sombras, rincones ni perspectivas.
Son escenas orientadas de izquierda a derecha, en nuestro sentido de la lectura, tanto de textos como de imágenes. Quieren mirar a lo que está por venir, quieren ir hacia lo que se avecina, en pocas ocasiones volver. Es esta también una expresión de confianza en el arte.
La ductilidad de las los elementos, su maleabilidad. La indefinición, la potencialidad. El estado embrionario.
Simbología tan amplia como sea posible. Muchos ya existentes y otros nuevos, metamorfoseados. Intimar con lo valioso y ofrecer una constelación alentadora.